domingo, 30 de agosto de 2009

Necesito

094 Necesito

Necesito urgentemente el mes de Septiembre, que me trague la rutina, que me ataque el despertador cada mañana. Necesito levantarme y conducir pesado, y quejarme del trabajo y desear vacaciones. Anhelo tener menos tiempo para mí y luchar contra el calendario, y arañar minutos al reloj para hacer los “deberes” del día. Me urge ocupar las manos y despejar la cabeza, empezar a pensar en el plural de la tercera persona y dejar de rondarme el ombligo, dejar de esconderme y salir al mundo, y darle la mano y ofrecerle una tregua, y luchar día a día, y volver a quererme, y sonreír algo más. Preciso viajar para disfrutar de mis hermanos y no para huir de una vida que me pilla a contrapié o como remedio para mis males, hacer nuevo cada viaje y no entender eso de “que al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver” Quiero sentir a Dios cercano otra vez y dejar de vivir de lo vivido y conformarme con poco.

Necesito normalidad, si es que mi vida ha sido “normal” alguna vez.

 

También las almas -como los ríos y las plantas- necesitan un tipo diferente de lluvia: esperanza, fe, razón de vivir.

Cuando todo esto no sucede, todo en aquella alma muere, aun cuando el cuerpo continúe vivo; y las personas pueden decir que «aquí, en este cuerpo, hubo un hombre».

La quinta montaña – Paulo Coelho

lunes, 24 de agosto de 2009

“Plan-Mojito”

El día de ayer prometí estar aburrido. La tarde me rondaba la ventana animándome a asomarme y mirar al cielo, pero yo estaba más centrado en dolerme de mi “colisión” y sus correspondientes contusiones, cuando de pronto un mensaje inesperado apareció en la pantalla de mi ordenador: “El plan de hoy es mojito en la playa, ¿te apuntas?”. - Vaya, voy a tener que romper mi promesa – pensé. Silvia sabe siempre por donde atacar. Sus inocentes proposiciones y su desenfadado tono son parte de su infalible “táctica de combate”. Ella sabe lo que se hace, y aunque conoce de sobra que el alcohol y yo somos malos amigos, su propuesta era todo lo tentadora que necesitaba: “echar la tarde entre risas y en buena compañía”. Un poco más de tiempo me hubiese venido genial, pero a Silvia le encanta «ese estrés tonto» (palabras textuales) que acompaña a la época de feria, así que tuve que darme una ducha exprés y una friega de “réflex” como pude para soportar la tarde, para luego disimular el característico olor con unas gotitas (o más) de colonia, vestirme con lo primero que vi en el armario y bajar a marchas forzadas al coche para recogerla e ir a la radio, donde un mensaje al móvil que decía solamente “Voy” nos anunciaba que Dani iba a llegar rozando el límite del “llegar tarde” y eso que quedamos en la puerta de su trabajo. Durante la espera, que al final no fue tan larga como habíamos imaginado por el mensaje, descubrimos un libro de Coelho en el coche, que nos dio pie a una amena conversación sobre el futuro nombre de todos mis hijos, que se van a llamar igual según Silvia. Llegado Dani acompañado por su neverita portátil emprendimos la marcha hacia los mojitos, donde descubrieron que cuando no sé ir a donde me piden suelo ser un “poquito” brusco conduciendo (culpa de los guías, por supuesto). En el trayecto hablamos un poco más del libro que me había encontrado en mi coche y de por qué no recordaba que andaba por ahí y llegaron a la conclusión de que yo “Bebo borracho” (copyright Daniel Domínguez). Llegados a la playa nos encontramos con Cárdenas, el último agregado al “plan-mojito”. La tarde transcurrió entretenida entre mojitos y refrescos, hablando de backstage y de cámaras con carcasa submarina, del disco de Moby y de los Iphone, cuando nos percatamos del hambre acumulada. Decidimos bufet chino, donde aparte de comer y comer, hablamos de música (de nuevo) y descubrimos que ¡Dani no es famoso! (ya se… decepcionante, ¿Cómo se puede hacer emisión nacional en los cuarenta principales y no ser famoso?). Tras aprender a decir “no, gracias” a la comida que seguía llegando a nuestra mesa incluso después del postre, nos despedimos del restaurante y de una mujer de morado que se sentaba cerca nuestra y que había sido blanco de una de nuestras conversaciones. Y así terminó la noche, no sin antes haberse dejado Dani olvidada su nevera en mi coche, con sus correspondientes mofas en internet nada más llegar a casa. Anduvimos hablando on line un rato y leyendo poesías hasta que el sueño pudo con nosotros y decidimos dispersarnos.

Prometí escribir una breve reseña del día en mi blog.

No he conseguido que sea “breve”

sábado, 22 de agosto de 2009

Curas de voz y melodía

093 Curas de voz y melodía

«Demasiado grande el escenario» pensaba yo, pero nada de eso. Se llenó completamente de música.

Una pequeña “chispa” prendió el sonido y las notas fueron invadiéndome para descubrir tras la guitarra de Fede a una “escondida” Elena que me regalaba un concierto “íntimo” en la plaza del pueblo. Canción a canción fueron haciéndose pequeños (como los realmente grandes) allá arriba en el escenario y jugaron con las melodías a los ritmos de Nano. Nos regalaron magia, hicieron una receta de cocina, viajamos con ellos a Pekín y Argentina, nos contaron cuentos con “moraleja”, cosieron sin dedal, los miramos temblar y nos dejaron en herencia “todo lo desaprendido”. Y al final de todo se despidieron de una gran noche improvisando “un adiós en su pañuelo”

Saliendo del espectáculo conversamos de música, de fútbol, giras argentinas, de la extraña oficina, de bengalas (jeje),  del volumen II, de comida (mucha comida) y se forjaron nuevas amistades (con la Lole).

En el coche, de vuelta a Málaga, pensé en plasmar en Músico(en)terapia un pequeño y humilde homenaje a Elena [http://musicoenterapia.blogspot.com/2009/08/con-tu-hilo.html], como ya lo hice con Fede [http://musicoenterapia.blogspot.com/2009/07/subiendo-cuestas.html], para agradecerles las curas de voz y melodías.

Muchas gracias por la noche.

viernes, 21 de agosto de 2009

Va llegando el momento

-Dios pedirá cuentas al final - [...] Y yo diré: «Durante una época de mi vida permanecí mirando al viento y me olvidé de sembrar; no disfruté mis días, ni siquiera bebí el vino que me era ofrecido. Pero un día me juzgué preparado y volví a mi trabajo. Relaté a los hombres mis visiones del Paraíso, como el Bosco, Van Gogh, Wagner, Beethoven, Einstein y otros locos lo habían hecho antes que yo.»

(Paulo Coelho - Verónica decide morir)

Va llegando el momento

jueves, 20 de agosto de 2009

El día de hoy

El día de hoy avanza bastante lento. Toda mi habitación me mira, esperando de mí algo parecido al luto.

La luz que amenaza con colarse por mi ventana es contundentemente frenada por el estor celeste. Sólo unos minúsculos rayos se cuelan recordándome que es de día, que es el día. Los pensamientos de mi maceta esperan pacientes a ser plantados. «No es tiempo de pensamientos» me vuelvo a decir como aquel día, y aún lo creo. Los papeles, esparcidos por la encimera esperando pacientes a ser recogidos saben que hoy no va a ser su día de gloria y que quedarán ahí para mañana o quizás pasado mañana. Un tropel de discos que acompañan a estos papeles me preguntan a gritos desde el silencio: “¿Hoy no hay música?”. Pues  no, no la hay, en ningún sitio. He discutido hoy con el teléfono. Demasiadas malas nuevas, demasiados pésames me atacan de nuevo, así que he decidido prescindir de él en un arrebato de libertad. Le di la vuelta al muñeco de trapo, no soporto que me sonría. Una brisa de aire consigue romper la barrera de mi estor en ciertos momentos y mueve al aviador colgado del techo de mi cuarto, con deseos de escapar esta noche, pero irremediablemente preso junto a mis estanterías. Mi cama, deshecha espera que vuelva a hundirme en su centro y -dormir, hacer humo el sueño y olvidarme del mundo por miedo a despertar-* Un par de libretas con canciones a medio hacer reposan sobre mi mesilla de noche junto a La Biblia, el reloj que me regalaron en Puerto Rico, las llaves de mi coche y la rodillera anatómica. También las libretas saben ando débil de verso y prosa y que no es su turno. Sobre el equipo de música un marco de metal con una foto “en misión” y una foto de las últimas de carnet de mi abuelo, y con ella su recuerdo.

Y así pasa el día en mi habitación. Silencioso, lento, melancólico. Como yo.

 

* “El virus del miedo”, de Ismael Serrano

miércoles, 19 de agosto de 2009

Durante estos siete días

Aviso al lector: Puede usted no entender gran parte de esta entrada. Es complicado contarlo. De hecho aún estoy asimilando todo lo que ha pasado en estos 7 días transcurridos.

 

Como siempre la muerte y la vida se entremezclan y eres capaz de sonreír en estos momentos tan grises (este color que detesto desde hace muchísimo tiempo).

La pérdida de mi abuelo, que no es tal si no ganancia, quiero creer y creo, da paso al valor para la despedida con un “ya nos vemos arriba” entre lágrimas y un último vistazo. Después llega la soledad de una sala y una noche en vela, las llamadas telefónicas, el aguantar el llanto y dejar que lloren los demás, el ver a familiares “no habituales”, el cansancio y la falta de fe. Y amanece (Siempre sucede), y me enfrento a la muerte con la vida que me regala el día. Estoy más sereno, resignado, y decido poner a Dios al corriente de todo y empiezo a mover la misa de funeral. Vuelvo a casa a ducharme y lavar las penas, para que estén limpias a la tarde para usarlas. Entonces vuelvo al cementerio y llegan al fin mis visitas, esas que creí no llegar a ver por allí y que guardaron día de silencio haciéndome sentir el abandono a Dios. Me abrazan, los abrazo, les cuento, empiezan a empañárseme los ojos, me vuelven a abrazar… Así descubro que me acompañan en el camino y renuevo mis fuerzas, suficientes ahora para que mi abuelo me escuche cantar a Dios (una de las cosas más bonitas que tiene mi vida) con un nudo en la garganta. Celebramos su funeral y salen a mi encuentro personas que me han acompañado siempre en mi vida, a veces visibles y a veces en lo escondido. Me vuelvo a despedir de mi abuelo y consuelo a mi familia, recuerdo que queda grabado en mi mente y en la llave que, tras la misa, acabó en mi mano. El final de todo esto, recuerdo que son caras amigas y muchos abrazos y besos, alguna llamada telefónica más y una silenciosa vuelta a casa.

Y se abre camino la Vida.

Con la llegada a casa viene la preparación de la maleta y un esperado viaje al que, he de confesar, no quería embarcarme por el reciente dolor. Pero sé que tenía que estar presente en la boda de Alfonso y Virginia (Sed muy felices ahora y siempre) y celebrar el Amor junto a ellos. Así que conduje camino a Cádiz por segunda vez en este verano. Un viaje tranquilo pero extenuante que acabó con el reencuentro con mi hermano Israel (del que ya hablé hace poco) y un plan tentador que consistía en música y grata compañía mirando las estrellas, tumbados en el suelo y escuchando la noche (y al niño del columpio). Al amanecer planeamos la ida al Puerto de Santa María a la boda y a compartir con más hermanos. La boda fue entrañable,  una mezcla entre “cuento de hadas” de Virginia y de “historia pirata” de Alfonso. La fiesta posterior fue un olvidarme de todo y bailar y bailar y cansar el cuerpo para no sentir vacío irreal y compartir con Ixcís, con la familia de Jmv y con el elenco “trovador” durante toda la noche la música y las golosinas de las que de vez en cuando me llenaba las manos y repartía con todos. Amanecí con un mensaje que decía “te olvidaste de mí, no lo esperaba todavía”. El sábado fue un día de “descanso” (por llamarlo de alguna manera) en la playa con mis hermanos, en los que a veces fui feliz plenamente pero la mayoría del tiempo me embargó la melancolía. Tengo que agradecer la compañía cuando me miré mar y estallé contra mi cuerpo (Gracias por sentarte en la orilla en silencio conmigo). El domingo fue la vuelta a Cádiz y las despedidas de nuevo, y los planes de regreso a Málaga donde he sido guía turístico y gastronómico, monitor deportivo, amigo y compañero.

Mi existencia se ha vuelto a inundar de nombres en esta última semana: Pepe (mi abuelo), Jose, Paco, Maleni, Marta, Curro, Antonio M, Trini, Sensi, Sandra, Andrés, Tony, Pepe, Paloma, Rocío, Dieguito, Juanfran, Lorena, Manme (y con ella, el resto de la comunidad de Emaús),Paula, Rocío I,  Víctor P, Maika, Silvia, Dani, Ramiro, Pedro C, Nacho, Israel, Christians, Cristina, José Luis, Javi, Daura, Claudia, Juanan, “Sor Shakira” (tenía que ponerlo…) Carmen, Ángela, Alfonso, Virginia, Maria José, Olivia, Antonio B, Fermín, Leticia, Juan, Felipe, Almudena, Román, Patricia F, Jose Antonio, Marcos, Fran, Elena, Juan S, Manolo… Todos ellos y algunos más que se me olvidan han tomado papeles en mi caótica historia y no sé cómo agradecer a cada uno de ellos el bien recibido. MUCHAS GRACIAS!!

 

Si me preguntan cómo estoy diría que “bien”, porque no sé cómo catalogar mi estado de ánimo. Lo que es seguro es que “mal” no me encuentro. Creo que se me pasó el tiempo de duelo y ya no procede llorar.

Es una sensación extraña.

miércoles, 12 de agosto de 2009

Mi abuelo

092 Mi abuelo

Tengo siempre el mismo recuerdo de mi abuelo: El salón revuelto, los sofás pegados al mueble y a la cristalera y una estera de esparto desenrollada en el suelo. Mi abuelo cosía esas esteras trenzando el esparto con las manos y luego unía las tiras con una gran aguja con la que siempre me preguntaba si quería que me diera un par puntos. Pasaba las horas y las horas y a veces tenía que dejar el trabajo porque le anochecía y dejaba de ver bien. Luego tuvo que desaprender a coser esparto. Y digo desaprender porque nunca olvidó, pero sus débiles pulmones fueron más fuertes que él y tuvo que resignarse a coser cestas con plástico, más fácil para él y menos cansado.

También lo recuerdo en el campo, caminando de acá para allá buscando palmitos y tagarninas o “tagardinas” como las llamaba. Nunca supe enseñarle a decirlo bien. En ocasiones se llevaba sus trampas para pájaros, algunas hechas por él, se buscaba gusanos en las cañas para cazar pajaritos y cocinarlos, o se pasaba la mañana entera cogiendo caracoles. Muchas veces ha salió herido en sus incursiones campestres, pero él siempre decía lo mismo: “¿Esto? esto no es ná, un arañacillo”

Recuerdo también sus adivinanzas y cómo me contaba sus viajes a campillos o cuando salía de caza con la escopeta de perdigones.

Poco a poco se fue haciendo viejo. Desde que yo tengo memoria mi abuelo es viejo, pero he de reconocer que ha ido perdiendo facultades.

Hoy Dios me lo ha ganado.

Hace casi una hora que recibí la noticia. Esta mañana lo he estado viendo y lo he tenido que cuidar como Dios me ha enseñado. Ya está con Él. A partir de ahora le toca a él cuidarme, como cuando de pequeño me hacían un “hoyito” en la cama, entre mi abuelo y mi abuela, para que no pasara frío en los días de invierno, cuando mi madre y mi padre salían a trabajar.

Hoy Dios me lo ha ganado. Que me lo cuide.

 

 

 

Solo siento que no me haya escuchado cantar. Se conformó con verme en un video y llorar diciendo “Es mi nieto”