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jueves, 22 de abril de 2010

Morir es de Vida (III)

Mi fortuna es que Dios me da a cuidar a personas especiales. Curri es uno de ellos y estoy muy agradecido.

Odiaba quedarse sentado en una silla, pasaba el tiempo paseando por el taller frotándose las manos y riendo solo. A veces te asaltaba y ponía su mano en tu hombro y sacaba su artillería pesada con la intención de conversar. Entonces comenzaba el ritual, siempre idéntico:

- Curro – me decía (aunque con el resto de monitores era exactamente igual)

- Dime Curri – contestaba yo

[frotándose las manos y mirando hacia arriba] – Hoy hay fútbol.

- ¿Ah, sí? ¿Quién juega?

- ¿Qué? [reía]

- Que quién juega.

[Tomaba aire] - ¿Te lo digo?

- Claro hombre.

- El Barça

- ¿A que hora?

[Tomaba aire] - ¿Eh?

- ¿A qué hora es el fútbol?

- ¿Hoy hay fútbol?

- Curri, pero si me lo has dicho tú…

Curri era feliz con sus días, tenía mucho sentido del humor y se reía de “las torpezas”, como cuando el padre de uno de los chavales se pilló los dedos con la puerta de la furgoneta (siempre lo recordaba). No era muy estable en el paso y se movía más bien lento, pero eso no le impedía hacer todos los esfuerzos posibles por engancharse a tu brazo por el pasillo cuando íbamos camino del comedor. Era en ese momento cuando sacaba su velocidad oculta. Era un hombre de costumbres, como la de preguntar todos los días a la hora del recreo: “¿Después del recreo volvemos al taller?” o “¿Cuándo vamos a ir a tu casa a merendar?” o también “¿Hoy quién me lleva a mi casa?”.

Curri no destacaba demasiado, prefería pasar los días discretamente y sin hacer mucho ruido. Y sin hacer mucho ruido, esta noche, se nos ha ido al cielo.

Fue bonito encontrarnos.

miércoles, 17 de febrero de 2010

Miércoles de ceniza

168 Miercoles de ceniza

Ando necesitado de abrazos sinceros, de “te quiero, hermano”, de “adelante, no te preocupe”, de “ora, lucha y confía”, de “ te apoyo”. Necesito desterrar de mí esa sensación ruin y rastrera de obtener mi beneficio en detrimento de la calidad de vida de ellos, porque sé que objetivamente no es así. Quiero dejar de sentirme el “malo” por empezar a exigir lo que me pertenecía y desde el principio me negaron.

Hoy, miércoles de ceniza, comienzo de la cuaresma, puedo predecir que estos 40 (cuarenta, numérico) días van a ser arduos e intensos

Imagen: “Sunday palms, wednesday ashes” de mtsofan (http://mtsofan.deviantart.com)

jueves, 31 de diciembre de 2009

Un vistazo al 2009

Aviso al lector: Sé que es algo larga la entrada, pero comprenda que las evaluaciones anuales son, como su propio nombre indica, sólo una vez al año, afortunadamente para usted, que lee, y para mí, que las escribo. Gracias por su comprensión.

Ciertamente este año 2009 tiene un tinte bastante oscuro, pero para poder valorar la luz hay que pasar a veces por momentos como este. Ahora, a la orilla de la luz, puedo mirar hacia atrás y respirar profundamente.

145 Un vistazo al 2009

Enero llegó con sueños a la espalda y grilletes en los pies. Durante los primeros cinco días pude “pegar el estirón” y crecer en espíritu, estando en Limpias. Hasta allí me persiguieron las malas noticias: hubo que decir “adiós” a uno de “los míos”. Después del día de reyes empezaron a notarse las enfermedades y las crisis, e incluso tuve un “problema de tallas”. Recuerdo que repetí en varias ocasiones “Ojalá llegue Febrero”.

146 Un vistazo al 2009

Y Febrero no se hizo esperar, pero con él vino un tornado que arrasó mi barrio y alguno que otro más. Durante este corto mes pude comprobar que las crisis son totalmente necesarias y que todo el mundo necesita sus “12 segundos de oscuridad”. Desgraciadamente mis 12 segundos se alargaban demasiado, entre quebraderos de cabeza y preparativos para el mes de marzo. “San Pedro” me bendijo en este mes.

147 Un vistazo al 2009

Marzo vino a darle un giro a mi mundo. Sin saber cómo exactamente me convertí en misionero y viajé a Puerto Rico. Dios me esperaba allí para mostrarse en el niño, el joven, el enfermo… El corazón se me llenó de nombres: Cheyla, Gerardo, Héctor, Don Moisés, Iván, Lourdes, Trini, Jessica… Comprendí el significado de la palabra “pobreza” realmente. Pero todo este regalo que ahora plasmo desenvuelto venía cubierto por un manto negro que me aterrorizó. Cuando vine a darme cuenta de mis pasos ya estaba metido en el desierto y llegó el miedo.

En Abril naufragué, y entre los restos de este naufragio nació este blog. Comencé a mirar de lejos, me sentí perdido y escapé rumbo al calvario para morir, pero no resucité. En este momento de la historia llegó un viento fresco a chocarse conmigo, a compartir muertes. El Viernes se convirtió en símbolo, me cansé de ser hombre como Neruda y pedí un deseo de cumpleaños: Cambiar de vida. Me sentí Garfio, viajé hacia el azul a encontrarme con mis hermanos y prometí un castillo.

148 Un vistazo al 2009

En Mayo eché de menos a mis amigos, me pregunté ¿Dónde está mi casa?, leí El guardián entre el centeno, viajé a “la línea, málaga”, hablé conmigo mismo y llevé a cabo lo que me hería desde Marzo (o desde Agosto’08). Desde entonces todo es cuesta abajo, pero con resistencia. Aprendí (me enseñaron). En este mes nació Músico(en)terapia y me hicieron cuatro preguntas. También en este mes pudimos hacer un almuerzo con mi familia de Campillos. Vi a mi abuelo reír a carcajadas.

Junio trajo olor de campamento del que hice una crónica y me sorprendí sonriendo. Viajé a Madrid y me regañaron en un museo. Me dijeron “te noto bastante bien” y es que había luchado mucho por asomar la cabeza fuera del charco. Jugué a las cartas, me propuse mirar con otros ojos, hice algún que otro descubrimiento y pensé en plantar pensamientos.

Julio. Naciste canción. Soñé con volar de nuevo. Me dijeron “cuéntame tu naufragio” y comenzó un andar en compañía, andar del que ahora estoy muy agradecido, porque me ha clarificado el camino. Comencé a hacer un puzle en familia, que hoy está colgado en la pared del salón. Me di un paseo de los que llenan el alma y escribí una carta. Me dijeron “leo tu blog”, frase que se ha convertido en estandarte. Planté árboles con ellos. Las cosas se pusieron grises en el trabajo, empezaron a sonar campanas de juicio. Wendy besó. Viajé de nuevo al azul y llegó a mi vida una guitarra. Deseé las vacaciones un día antes de que me las dieran.

Agosto pasó desapercibido hasta mediados de mes. Prometía playas y viajes y cumplía, pero una tarde de playa me asaltó una llamada telefónica: “Está muy mal”. Tanto que se me fue para arriba el día 12 de Agosto, con Papi Dios, mi abuelo. El día de su despedida tomé de su ataúd la llave que ahora viaja conmigo y me fui a Cádiz a la boda de un Amigo (con mayúsculas). Comprendí que la vida está en constante movimiento, y hay que aprender a moverse con ella. El resto del mes se me llenó de actividades para no pensar. Al final necesité el mes de Septiembre.

Y llegó para engullirme en la rutina, para adormecer mis dolores. En Septiembre, tras haber tocado fondo, comenzó la nada fácil escalada. Me propuse un nuevo reto, comencé a estudiar una carrera. Hice una propuesta a pecho descubierto, comprendí mejor mi naufragio, me reí hasta que me dolió el estómago, me ilusionó mucho la música, entré en el certamen de Sax y comencé a “abrazar la noche”. Di otro “adiós” sentido como el de Enero y volví a irme de campamento.

Octubre: “Todo dice sí”. Nos dimos un mes el día de San Francisco. “De mí sin ti ¿qué sería? / sin este dulce tormento / que me complica la vida”. Me vacuné contra la gripe y otras tonterías y empezó la Guerra Escrita en mi trabajo. Se casaron dos grandes Amigos y compartí de nuevo con “vosotros”.

149 Un vistazo al 2009

En Noviembre grabamos disco, se disiparon las oscuridades y me sentí preparado para cantar “Vuelvo”. Y volví. Me dieron el premio Blog del día. Renovamos un mes más. Se casaron dos Hermanos. Mi taller se dividió por un muro. Me corté el pelo y me dejé un símbolo condenado a desaparecer en breve. Patiné. Conversé con Dios y volví a tropezar. Entré en el adviento como Alicia en la madriguera, cayendo.

Diciembre, mes de la normalidad (relativa): Mi blog tuvo himno, me fui de ejercicios espirituales y encontré Paz, no acabó el cuento pero dejamos de contar, abracé, di unas clases de baile para la vida, dejé de trenzarme el peso del alma, se acabó el naufragio, dije “sí” por cuarta vez, descubrí milagros de andar por casa, viajé (mucho) y crecí (mucho), y llegó la Navidad.

 

Y al fin miré hacia atrás y me quise.

31 de Diciembre de 2009

martes, 15 de diciembre de 2009

A carcajadas

Hace un añito, me contaba esto:

138 A carcajadas

Hoy mientras conducía la furgoneta llevando a “los chavales” a su casa, a una de las chicas le ha dado por reír, pero no de cualquier manera, sino a carcajadas.

Lo bueno que tiene la discapacidad intelectual o “la tontuna” que algunos piensan es que puedes ser siempre “Tú” y hacer lo que te apetezca. Sin máscaras, sin guardar la compostura.

Pues bien, ella ha decidido ser “Ella” y casi morirse de la risa...

De repente se ha callado, me ha mirado, y ¡¡ha vuelto a estallar en risas!!

Uno (yo), que se le pega todo, se ha puesto a reír con “Ella” y por un momento, todo el “stress” y los agobios de la época, todos los enfados y desilusiones, todo lo “malo” que tiene el trabajar con este colectivo de personas... Todo ello ha desaparecido y me he centrado exclusivamente en reír.

Ay... Quién fuera “tonto” y pudiera reír a carcajadas siempre que quisiera...

…Y hoy me lo recuerdo.

Por si se me olvida.

Tesoro rescatado de “Cuentos Compartidos” (http://curroayllon.spaces.live.com)

01 de Diciembre de 2008

Imagen: “The laugh” de lhosford (http://lhosford.deviantart.com)

lunes, 9 de noviembre de 2009

El muro

La línea azul pintada en el suelo de mi taller la semana pasada, que amenazó con  desparecer y estuvo a punto de cumplirlo, se ha convertido ahora en algo menos “borrable”. Esta mañana al entrar al taller he notado que éste había menguado un poco, que faltaba el color azul de la pared del fondo y las estanterías donde reposan tranquilas las piezas de cerámica, y que el horno había dado paso a un hueco parecido al que se deja para hacer una puerta.

Todo lo que se podía ver desde el ojo de buey de la entrada ha sido sustituido por un muro gris con manchas blancas a medio terminar, que divide nuestro búnker en dos mitades. Con ese muro se acaban las grandes multitudes ruidosas que habitan por estos lares y que tienden a reunirse al comenzar las mañanas para ir creciendo en intensidad de decibelios a medida que transcurre el día, pero también se acaban los “¿sabes de que me he enterado hoy?” y los “¡qué fuerte lo que me acaba de pasar por el pasillo!”

Por lo pronto y como medida preventiva ante la inminente extinción comunicativa con los compañeros de C.O., hemos tomado dintel y jambas de la puerta central como trinchera y hemos convertido esa futura puerta en punto de encuentro y almena de vigilancia.

El toque de humor lo da, como siempre en este mundo extraño, uno de ellos, de los míos, que al cruzar el umbral para buscar su taquilla, nos envía mensajes en “código morse” a través del “nuevo elemento” del taller.

Vamos a necesitar algunos días de esta semana para acostumbrarnos a no ver el espacio, casi diáfano de no ser por un par de sillas que iban y venían, que había (utilizando el pretérito imperfecto, el que define nuestras realidades) en C.O.

“…Y te vas al muro donde acaban todos…”

jueves, 5 de noviembre de 2009

Jornadas deportivas para gente no-normal

Esta mañana hemos cogido los bártulos y hemos hecho una pequeña excursión a Alhaurin el Grande, al polideportivo para asistir a las XI Jornadas de Baloncesto Adaptado.

¿Por qué digo “gente no-normal”? No me juzguéis cruel. Simplemente pienso que no es normal disfrutar tanto como ellos lo hacen, sin poner trabas al desarrollo del día, sin decir “no tengo ganas” como hemos hecho alguna vez alguno de nosotros. Sólo se limitan a pasárselo bien.

121 Jornadas deportivas para gente no-normal

Yo, que me contagio de estas bobadas, he disfrutado muchísimo también, solo con ver cómo sonreían mirando un partido de baloncesto o botando un balón, e incluso viendo cómo sacaban de quicio a sus monitores deportivos, que intentaban una y otra vez que los ejercicios predefinidos fuesen lo más correctos que pudieran, intento que ha durado los cinco primeros minutos, cuando por fin han caído en la cuenta de que es mejor ser “no-normal” y reír como niños jugando con ellos.

Nada más empezar, haciendo la cola de los “representantes” de los centros que han participado, se ha acercado un muchacho a mí con un cartel de su centro y me ha dicho sonriente:

- Hola, me llamo Álvaro y este es mi amigo Carlos, ¿qué tengo que hacer?

- Tú sujeta fuerte el cartel y pasea enseñando de dónde eres, ¿vale? y pásatelo bien, ¿de acuerdo?

- Pero ¿tengo que levantarlo en alto y moverlo, o enseñarlo a las gradas o algo? Es que estoy algo nervioso porque yo lo que quiero es jugar.

En ese momento, estos dos chicos han entrado en mi casa y han abierto puertas y ventanas, dejando que entre aire fresco y remueva el polvo acumulado en la vocación, y he vuelto a vislumbrar por qué me gasto la vida luchando contra las olas de realidad que día a día llegan a mis costas. Al rato me he vuelto a encontrar con Álvaro y nos hemos hecho una foto, que he prometido darle.

Empezada ya la jornada me he divertido muchísimo acompañando a los míos a las actividades. Ha sido una gozada ver a Carlos (el mío) “botando” el balón (se ha dado en la cara el pobre…) o a Óscar tirando a canasta, pero lo que más me ha sorprendido del día de hoy ha sido ver a Miguel Ángel entusiasmado con algo, y ese algo es el basket. No lo había visto nunca apostar tan fuerte y mostrar sus gustos tan abiertamente. De hecho le he preguntado cuándo formábamos un equipo, y me ha contestado sin vacilar: “Cuando quieras, me gustaría”

Hemos pasado una mañana agradable en Alhaurín, hemos jugado mucho, nos han dado medallas, camisetas y diplomas, hemos visto “la gran final del torneo”, donde jugaban mis dos nuevos amiguitos, Carlos y Álvaro, les hemos animado hasta la victoria y al final hemos vuelto sonrientes a nuestros quehaceres.

Una vez más, verlos disfrutar es lo que me salva de todas las demás Tonterías que existen por este “mundo de la discapacidad”

Imagen: “Basketball” de Siriusblakk (http://siriusblackk.deviantart.com )

jueves, 29 de octubre de 2009

Uno de ellos eres tú

Es la hora de “comentar la jugada” en el taller. Estamos los monitores reunidos y hablando mientras cada uno hace sus tareas, cuando alguien se me acerca por detrás y posa sus manos en mi hombro. Me giro y veo a María del Mar con cara sonriente:

- Hola Shakira – le digo (es la mejor manera de que te conteste)

- Hola Johnatan – me contesta (Ese soy yo… para ella)

- Dame un beso, anda – le pido, a lo que ella acepta complaciente. – El otro día me amenazabas, hoy estás más cariñosa.

- Ya, es lo que hay, pero el beso en la cara, ¿eh? a mí en la boca no. – finaliza.

De repente empieza a acariciar el pelo:

- ¿Me estás peinando?

- Claro.

Baja sus manos a mi cara:

- Y ahora, ¿Me estás peinando la barba?

- Calla. Te estoy afeitando.

- Ah vale – y me dejo acariciar

En un momento ella susurra algo incomprensible, pero distingo un nombre propio, José Miguel:

- ¿Quién es José Miguel, Shakira?

- Mi novio.

- Ah, ¿sí?

- Yo es que tengo dos novios – me mira de reojo

- ¡Mírala, ella! Y ¿quienes son? – me aventuro sabiendo que me estoy metiendo en terreno sembrado.

- Uno de ellos eres tú, el Johnatan – me mira y ríe burlona sabiendo que he caído en su trampa. Sabe que ganó el juego.

Entonces suelto una carcajada de rendición, le doy su beso en la mejilla, y se vuelve contenta de haber salido victoriosa en la batalla. Pero, no se conforma con esto. Se gira de nuevo y me dice:

- Otro día me preguntas otra vez.

Me encanta hablar con ellos. Es siempre un juego divertido e inteligente. Mucho más inteligente que otras conversaciones con gente denominada “normal”.

domingo, 18 de octubre de 2009

Día de vacunaciones (16 de octubre)

112 Dia de vacunaciones

Esta mañana hemos tenido “día de vacunación” contra la gripe estacional. Desde pronto en la mañana nos hemos ido preparando para recibir este “indoloro” (Ja!) pinchacito que se supone nos protegerá contra una de las enfermedades más molestas de las fechas otoñales.

Uno a uno han ido pasando por el sitio “acondicionado” (Ja! también) para la labor todos ellos. Luego nos ha tocado el turno a los monitores.

- Perdone la analogía, pero ¿no es posible que exista una vacuna contra el síndrome “burn-out”? Creo que tengo todos los síntomas. Aunque también creo que padeciendo la enfermedad no es recomendable vacunarse, ¿no es así?

Debiera haber una vacuna contra “la empresa” (ésta sí que es una enfermedad molesta), que doliera durante un par de días, pero que te protegiera contra todas las estupideces que se pueden llegar a oir/recibir/soportar/padecer en el trabajo, aunque claro, siempre existe el riesgo de que te haga reacción.

Sea como sea, ya tenemos la vacuna de la gripe puesta y estamos a la espera de que los científicos estudien mi propuesta e inventen esta que ansiamos todos.

Ahora sólo queda terminar el día oyendo “me duele el brazo”.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Septiembre

104 Septiembre

Septiembre ha pasado por encima de todo lo ocurrido durante el año (y algún tiempo más), serenando y recomponiendo, como cuando haces dibujos con el dedo en el terciopelo y después pasas la mano “peinando a favor” para borrarlo.

A este mes en que empieza el otoño, la estación de los eternos comienzos, de las nuevas ilusiones, de mudanzas, le debo la gracia de la calma. Hoy, último día de mes, alzo la cabeza y miro atrás para comprobar que, efectivamente y afectivamente he caminado, aún no sé hacia donde, pero al menos me moví.

Durante todo este tiempo me he caído y levantado. Comencé con “una crisis de viernes eterno”, pero de pies decididos (gracias Jose), y aposté por los retos, por el re-decorar mi vida y mi espacio e incluso mi trabajo, y mi apuesta fue también por el proponer (gracias Víctor), componer y recomponer. Eché un vistazo al pasado y puse un pié en él. Comprendí mi naufragio y me volví cuentista (gracias Cristina). Mudé de instinto, de creatividad y de realidades. Conté mi “pequeña historia” y viejos y nuevos amigos me acompañaron al teatro (gracias Pedro). Seguí contando cuentos y me fui a la sierra para conocerme allí, y conocer al otro (gracias Ade, Ilde y Yolanda), para disfrutar y aprender de ellos y para reencontrarme con ella en su terreno. Perdí Vida y oportunidades de aprender con Vito. Tuve terapia de músicas. Volví a contar mi naufragio y mis planes futuros (gracias Amores) y al final de este viaje abracé mi noche, preludio de música y fe.

Y aún me pregunto si fue un mes provechoso.

Quizá necesitaba “peinar a favor” mi existencia

domingo, 20 de septiembre de 2009

Morir es de Vida (II)

Una vez me dio una lección de vida. Acabábamos de incorporarnos de nuevo al taller, tras unas negras Navidades. Un amigo nos había dejado para subir al cielo y no sabíamos cómo comunicarlo a sus compañeros de taller porque nos asustaba su reacción. Hicimos acopio de fuerzas y comunicamos la noticia, y ella respondió llanamente “Morir es de Vida”.

Supe desde ese momento que tras esa cara de dormida se escondía una persona sabia y con experiencia, pese a su discapacidad.

Hoy ha decidido que “ya es bastante” y se ha marchado con su compañero. Disfruta del cielo y Vive.

No puedo evitar recordarla cantando “la camisa negra” a su manera o cambiando la letra de las canciones de camela (“Un trella sin estrella nada más…”), o cómo ponía cara de circunstancia cuando alguna chica se acercaba a “su bombón de chocolate, pero sin azúcar”. Recuerdo cuando me hablaba de “su hijo Kike” y cuando piropeaba a “su Sánchez” y se ponía colorada. Recuerdo sus manos de muñequita de porcelana, pequeñita pero siempre llena de anillos que le regalaban sus hermanas, o yendo al comedor todos los días con un collar diferente. Recuerdo tantas cosas que aún me parece mentira…

No creo que te merezcas una despedida de llantos. Te mereces un recuerdo y una sonrisa al escribir esta entrada. Un “Morir es de Vida”

A Vito.

jueves, 30 de julio de 2009

Vacaciones!

“Si poco me queda, menos quisiera” decía esta mañana en el taller cuando hablábamos de cansancio y de vacaciones. -Qué bien me quedó el pareado- me autorreforzaba. Y es que espero el día de mañana como niño a los reyes magos. Necesito un descanso, dejar de pensar en reuniones, en “sin barreras”, en Navidades, en bajas, en tarjetas, en discusiones, furgonetas, piscina, comedores, evaluaciones, “directores”, “compañeros”, “fiestas del agua”, descuentos en las extras, tintas de impresora, residencias, UED’s y CO’s, en politiqueos, en jueves de lentejas y pescado, en perreras y plantar pinos, medicaciones, pan, en días de menos por excedencias… Necesito el mes de vacaciones.

083 Vacaciones!

Quiero descansar y volver renovado, no estar “quemado” por las obligaciones “residuales”, volver enamorado de mi trabajo, como cuando empecé.

Yo, por mi parte, ya me di “vacaciones cerebrales”, pero prometo no dejar de pensar en COMPAÑEROS (no como los de antes entrecomillados) y en ELLOS.

Lo que sí que juro solemnemente es no pisar el trabajo hasta el 31 de Agosto por ninguna razón. ¡¡¡Así se muera el camello de lo alto del reloj en el taller, que conmigo no contéis pa velarlo!!!

Me auguro unas vacaciones “VACACIONES” (no sé si me entendéis)

Me ilusiona irme a Cádiz mañana (buen comienzo.)

miércoles, 15 de julio de 2009

Plantar un árbol

“Un hombre, para ser completo, ha de plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro."

Parece ser que esta frase viene del islam, que no dice que tengas que hacer concretamente estas cosas, si no que afirma que el hombre se ve recompensado si antes de su muerte ha logrado hacer una buena obra que perdure, transmitir un conocimiento provechoso y ser respetado por sus descendientes.

En mi opinión la plenitud no depende de actos concretos sino de sentimientos tras ellos. Cierto que plantar un árbol, tener un hijo o escribir un libro pueden ser causas de felicidad, pero se puede encontrar la plenitud dentro de un libro escrito por otra persona, jugando con los hijos de algún amigo o sentado a la sombra de un árbol plantado hace cientos de años, sin tener que sentirlos “propios”.

Sin embargo hoy salimos a realizar la primera premisa: plantar árboles. Al principio sólo sabíamos que íbamos de excursión, pero no sabíamos a dónde ni a hacer qué. Nos ha recogido un autobús y nos ha llevado a la depuradora de agua donde nos han explicado el proceso y tratado del agua residual y nos han contado algunas cosas sobre los árboles autóctonos, para terminar plantando 10 pinos piñoneros en los jardines de la depuradora.

Ha sido un trabajo pesado, porque hacía bastante calor y el sol pegaba fuerte y ellos son muy suyos, sobre todo a la hora de alzar azadón y cavar en la tierra, pero lo han disfrutado, como las cosas sencillas y han participado a su medida en la “reforestación”.

Puede que no me convenza demasiado la frase del poeta, pero si está en mi mano la felicidad de los míos, tengo que hacer lo posible para ofrecérsela, a pesar de los pesares.

Hoy ellos (y yo) han plantado árboles. Son más “ellos

-Antonio… ya tengo el árbol. Sólo me falta… ¡plantar el libro y escribir el hijo!

miércoles, 8 de julio de 2009

Héroe

Por dedicarme a lo que me dedico, alguna vez me han llamado “héroe”. Para nada. Sólo hago lo que sé. Héroes ellos, que amanecen llenos de sueños sencillos y los van cumpliendo, que luchan contra viento y marea simplemente para ser felices y no morir en la rutina de un taller gris, lleno de polvo y de penas (¡aunque más de lo primero!), que hacen oídos sordos a todos los rumores que acechan por los pasillos esperando a que te descuides para atacar, que acallan lenguas a golpe de indiferencia, que respetan las normas, pero no se dejan dominar por ellas, que salen, que entran, que ríen y lloran, que gritan y pelean, que trabajan y vaguean, que charlan a todas horas, que sacan de quicio, que sorprenden y se sorprenden (porque se dejan sorprender), que te cambian el nombre, que dan “los buenos días”, que aman… Héroes ellos, que sobreviven.

Como nosotros.

Alguna vez me han llamado “héroe”. Rectifico: puede que lo sea (que lo seamos). Tengo grandes “maestros”

miércoles, 24 de junio de 2009

Lo fácil que es

Las once menos veinte de la mañana. Repartidos los desayunos, tomo mi bocata y empiezo mi camino diario. Normalmente paseo entre ellos fijándome en cómo actúan o me quedo al lado de la mesa mirándolos. Hoy mientras me movía he cruzado la mirada con Susana. Es de las que clava sus ojos y apenas parpadea. Al cabo de unos segundos en silencio y sin apartar la vista señala con sus ojos la silla vacía a su lado y da dos palmaditas en la mesa volviendo a amenazarme con sus largas pestañas. Me siento a su lado y miro al frente, sabiendo que ella sigue fijándose en mí “a cara vuelta”. Antes de que le dé una contractura muscular en el cuello, giro la cabeza y rompo el silencio en el que nos habíamos sumergido:

-Te he visto en una foto con un vestido árabe en el campamento.

Su cara se ilumina como cuando se va a decir una genialidad:

-¿Ah, sí? ¿Y viste una foto mía barriendo?

-Sí, y otra pintándote las uñas.- le dije.

- Me gustó el campamento. Estuve una semana sin verte.- me suelta a traición mientras se ríe

- Y te eché de menos - le contesto – pero fueron dos semanas, que yo también estuve de campamento

- ¡Ay mi Curro! – sentenció abrazándome.

Luego volvimos al silencio que habíamos dejado a un lado, mirando ambos al frente, pero ella sonreía.

A veces me sorprende lo fácil que es hacer feliz a alguien. Más bien, a veces me sorprende lo fácil que es ser feliz.

sábado, 20 de junio de 2009

¡Juega!

Tiempo atrás escribí este texto con el que casi gano un concurso del tipo “mandas tu texto, la gente vota y el más votado se lleva tal cosa”:

Hace un par de días en mi trabajo, una compañera puso un juego a uno de los chavales, y al ver que a éste no le motivaba demasiado jugar y dejaba el cubo de las piezas en la mesa, mi compañera alzó un poco la voz y dijo contundentemente: ¡JUEGA!...

Parece un hecho sin mayor importancia, pero a mi me ha impactado, me ha marcado, pues extrapolé ese "mandato" a los niños de hoy en día...

Veréis:

En esta época que nos ha tocado vivir en la que los parques se construyen con el fin de que ningún niño baje a la calle (y si no se lo creen, miren hacia el parque más cercano), citemos los famosos cartelitos que casi siempre son con forma de árbol en el que pone "parque infantil de 3 a 12 años" o similar.... en cuyos parques los que mas juegan son los que no tienen la edad comprendida... en este periodo en que los amiguitos de los niños son una pantalla y el "messenger", ahora que crece el sobrepeso (y por algo será) y aumenta la vida sedentaria... En definitiva, a estos niños a los que yo llamaría de la "generación play station", alguna que otra vez habría que darles un cubo de piezas para montar, un puzzle, una pelota, algún que otro coche de juguete, canicas o una peonza, y decirles un rotundo: ¡JUEGA!

066 Juega

Porque los niños no sólo tienen derecho a ser niños. También la  obligación.

Tesoro rescatado de “Cuentos Compartidos” (http://curroayllon.spaces.live.com)

22 de Noviembre de 2006

La cuestión es que hoy, releyéndolo he pensado: La peonza se ha vuelto a poner de moda. Gracias a Dios no estaba tan en lo cierto.

jueves, 18 de junio de 2009

Un gesto sencillo

Llevo una semana bastante buena. Desde que llegué del campamento estoy inmunizado contra tonterías, que en mi trabajo las hay a pares y de todos los tamaños y colores. Y me refiero con esto a las de la gente que calificamos “normal”.

Aún así, desde el martes llego a trabajar con una sonrisa, costumbre que había perdido, y tiene su raíz en una serie de comentarios y hechos que me sucedieron. El lunes me paró por el pasillo uno de mis compañeros y me dijo que la madre de uno de los míos que había venido de campamento conmigo le había dado las gracias porque su hijo había llegado pletórico a su casa, y éste me otorgó el reconocimiento y le dijo que había sido obra mía, cosa que agradezco aunque no sé si merezco, porque el chico puso mucho de su parte. Desde entonces esa mujer tiene detalles conmigo como parar con el coche a mi lado en el semáforo para saludarme y decirme que quiere hablar conmigo. Ayer me asaltó en el comedor y me dijo: «¡Ven que de un beso, que te lo mereces!. Mi hijo ha venido FELIZ. Le hablas del campamento y sonríe.»

Por mi parte, sólo hago lo que creo correcto pero «esas cosas se agradecen» como dice otro compañero mío.

Acostumbrados a no recibir nada en gratitud por el trabajo que hacemos, estas cosas son como agua de mayo, y me sirven para seguir luchando contra tantas tonterías con las que convivo.

Este mundo es muy bonito.

miércoles, 17 de junio de 2009

La velocidad de la semana.

Se llama Boris y es uno de los míos. Pasa las mañanas en el taller con la cabeza sobre la mesa, “descansando” porque está «malito del corazón». A veces se levanta para pasear y golpea el suelo con el pie para “despertar la pierna” porque se le adormece.

Boris tiene cinco obsesiones: Casarse con una chavala “bosquimana” o “murciegalita”, descalzos y en cueros, cosa que no ha ocurrido hasta el momento; pinchar a sus compañeros restregando su cabeza por los hombros cual gatito de dos por dos de magnitud; saltar vallas para “robar terrenos” y después venderlos a sus monitores; jugar con la cuerda que siempre lleva consigo; y por último, el tiempo. Pasa la semana esperando que lo vengan a recoger. A menudo se acerca, extiende como puede su nudosa mano y pregunta: ¿Cuántos días quedan para el viernes?. Entonces nombra los dedos con los días de la semana, situando el lunes en el meñique, y espera paciente a que le contestes “estamos a éste” y señales el dedo correspondiente.

- Hoy estamos a éste: es el miércoles. Para que llegue el viernes quedan dos días

- ¿A éste? entonces sólo queda mañana.

Se me olvidaba que el optimismo y la fe de Boris hace que nunca cuente el viernes como “día a pasar” aunque lo recojan a las 8 de la tarde, pero tampoco cuenta el día de hoy, aunque son las 9:30 y aún nos queda la jornada de trabajo completa. Supongo que cinco días le parecen muchos y necesita modificar la velocidad de la semana. Lo cierto es que lo consigue, la semana es más llevadera para todos cuando la cuenta viene desde sus torpes dedos, con los que, acto seguido, continúa enredando su cuerda.

jueves, 11 de junio de 2009

Diario de Campamento (día séptimo)

063 dia septimo

Día séptimo: “Chimpún”

Lo único que he de contar de anoche que no escribiera es que leí este cuaderno de bitácora a mis compañeros. Acto seguido nos fuimos a descansar.

Esta mañana nos hemos levantado tarde. Sólo ha habido tiempo de recoger todo un poco, desayunar rápido, dar los regalos y de vuelta al centro. Hoy el viaje ha sido tranquilo. Parece que notan que esto se acaba y están deseosos de volver a sus casas. Hemos llegado al centro tocando el claxon, esperando la gran bienvenida. Aplausos, risas y abrazos justo antes de comer. Después del almuerzo los hemos llevado a sus casas y cada uno a la suya a luego.

Ahora son las 4 de la tarde. Ya llegué y me acomodé, descargué las fotos y leí los 143 correos atrasados de esta semana. Empiezo a escribir este cuaderno de bitácora en el ordenador. Puedo dar por finalizado este campamento.

Diario de Campamento (día sexto)

Día sexto: Sprint final

Ayer se acostaron todos sobre las 11 de la noche, aunque a las 10 ya los estaban desando. Nosotros vimos un rato la televisión. De repente empezaron a escucharse puertas cerrándose y fui a investigar cuando de pronto me encontré a alguien entre las sombras. La silueta dio un paso hacia la luz y descubrí que era Úrsula, bañador en mano y dispuesta a un baño nocturno. Dejamos que viera un poco la tele con nosotros y después nos acostamos.

Esta mañana de agosto parece reírse de nosotros. Quizá sabe que hoy toca recoger y ordenar maletas y por eso ataca con todo su calor. Menos mal que, acabada la tarea, hemos almorzado en el patio y al menos disfrutamos de este improvisado veranito. Un momento para reposar la comida y acto seguido nos ponemos guapos para dar una vuelta. Vamos a un centro comercial a comprar los souvenir de este campamento y de paso cenamos fuera.

Salida que se puede catalogar de “catástrofe". Desde que nos montamos en la furgoneta han empezado los llantos, los gritos y las rabietas. Cuando llegamos al centro comercial decidimos que el “divide y vencerás” es la mejor estrategia. Hacemos dos grupos: uno va a comprar los regalos y el otro se queda “tranquilo” en los bancos. ¡La peor espera del mundo!. La gente se paraba a mirar el “espectáculo” como si no hubieran visto nunca a gente como ellos. Hora y pico de suplicio después ha aparecido el otro grupo y hemos cenado en un burger con las consecuentes miradas. Al terminar caminamos hacia la furgoneta y volvemos a casa entre “no rompas más mi pobre corazón”, “Susanita tiene un ratón”, “Paquito el “cholatero””, “batuta” y otros grandes éxitos de toda la vida “made in Úrsula”. Llegamos y repartimos a cada uno en su cama y nosotros salimos al patio a brindar con sidra por este campamento y a contemplar el cielo. Luego nos repartimos los regalos: Un polo verde claro para Juan, un camisón para Cristina, un polo verde oscuro y un llavero de zueco naranja para mí y para Jorge… ¡el cubo de alitas que tanto ama! Ahora es la una de la madrugada. Hemos terminado de festejar la marcha del campamento y ahora vemos en la tele programas de temporada baja. Mañana la vuelta a casa. Hoy, otro día disfrutado.

Diario de Campamento (día quinto)

Día quinto: Fiesta country y nueva tregua

061 Día quinto

La fiesta de anoche estuvo lejos de ser “difícil de superar” como escribí. De hecho sólo fue “difícil” (sin superar). Cuando hubieron devorado las patatas y gusanitos y bebieron el licor sin alcohol y se hicieron los borrachos decidieron que era demasiado tarde y se quisieron acostar, haciendo que la fiesta durara una hora y media.

062 dia quinto

Esta mañana el sol se ha colado por entre las rendijas de la persiana, anunciándonos que nos ofrecía un nuevo día de tregua. Nos hemos levantado sobre las 11 de la mañana, hemos cambiado pijama por bañador y hemos asaltado el patio. Hemos desayunado bizcocho y disfrutado de la piscina, la música, las hamacas y el sillón de las siestas. Preparábamos los ingredientes para la paella y ellos disfrutaban de saberse libres de vigilancia (aparentemente) El menú de hoy, diseñado especialmente para días soleados, ha sido paella y melón. Llevábamos posponiéndolo desde el domingo porque la barbacoa se interpuso y ayer hizo “día de sopa”. Tras limpiar los utensilios ha llegado la hora de la siesta. Ellos reposaban a la sombra y nosotros al sol, que también lo merecemos. Justo en ese momento entraba yo en el segundo libro de este campamento y me dejaba fluir entre las páginas igual que un río. Para merendar, Juan ha cogido la batuta y ha preparado un batido con leche, plátanos, galletas, bizcocho y crema de cacao. Nosotros en cambio machacábamos patatas para hacer la ensaladilla de esta noche. Ahora que está todo hecho, pasamos el tiempo haciendo nada con ellos, disfrutando de sus cosas, que también hay que hacerlo.

Mañana nos esperan las maletas, la limpieza, el orden y todas esas cosas de despedida, incluyendo cena fuera. Hoy sin embargo ha sido un tranquilo y bonito día.