No pensaba escribir nada acerca del accidente, pero me siento en la obligación moral de afirmar que LOS MILAGROS EXISTEN. Así que aquí os dejo todo lo vivido:
Hace dos días, terminado el trabajo, tomé el coche de vuelta, ya que había quedado con Manme para hablar. como iba con bastante tiempo paré en la gasolinera y llené el tanque de combustible, con calma, para no llegar muy temprano a la cita. La gasolinera y mi trabajo distan como mucho 30 metros, se separan por una carretera que termina en una rotonda y una pista de padel, propiedad de “los limoneros”, un complejo polideportivo en el puerto de la torre. Al terminar de repostar salí con cuidado porque había empezado a llover, giré a la derecha y continué mi camino por la carretera que llaman “nueva” a pesar de los muchos años que tiene.
Menos de un minuto después ocurrió todo.
La carretera es de doble sentido, con sólo un carril para cada sentido, y a los lados nada, sólo monte. No suelo circular rápido por ahí porque ya me llegó una multa de tráfico por ir a 62km/h en esa misma calle, y uno aprende a base de palos. Casi llegando al final de la carretera el coche que venia en sentido contrario patinó debido a las primeras gotas y se salió de su carril, metiéndose de lleno en el mío. En ese momento en el que yo vi la parte de delante de ese coche pensé: “Aquí me quedo”, “No me da tiempo a frenar”, “¿Tiro del freno de mano?”, “Y ahora ¿qué?”, “Tengo el cinturón puesto, ¿pasará algo?”, “No lo cuento”… Dicen que tu vida pasa en esos segundos, a mí me dio tiempo a hacerme todas las preguntas del mundo.
Y chocamos frontalmente. Y entonces Dios me puso la mano en el hombro (tal y como os lo cuento) y me vino la serenidad. Tuve la templanza suficiente para pensar “Tengo que quitar el contacto y apagar las luces”, eché el freno de mano y salí del coche para preguntar al otro implicado qué tal estaba. Entonces fue cuando empezó a dolerme fuerte el cuello y a marearme. Me acerqué a la acera y me senté y llamé a Manme para que viniese a buscarme y a mi madre para contarle lo sucedido, siempre calmado y explicando con detalle.
Dos minutos después apareció la policía secreta, que pasaba por allí de casualidad, y ya me tumbaron en el suelo. A partir de aqui no me enteré de mucho, ya que únicamente podía mirar hacia arriba, pero me encontró un compañero de trabajo y se quedó conmigo hasta que vinieron los del 061. Cuando llegó Manme, lo único que acertaba a decir era “vacíame el coche, cógelo todo, los peluches, que son muy importantes para mi, los patines que están en el maletero, y los papeles, que me llevan al hospital y no puedo hacerme cargo”.
Pasé la tarde en el hospital viendo caras conocidas, mi compañero de cole, mi cuñado, el hombre que chocó conmigo, que también acabó allí… Me hicieron muchas pruebas y radiografías y al final el “veredicto” fue: esguince cervical y contracturas en la zona del cinturón de seguridad.
Del coche no tengo ni idea, no pude verlo antes de irme en la ambulancia…
Los que han visto el estado de mi coche me felicitan por mi nueva vida.
YO ES QUE CREO EN LOS MILAGROS, TENGO LA CERTEZA DE QUE EXISTEN.
Ahora me queda la recuperación, que tardará un poco. Pero estoy bien, bicho malo nunca muere, dicen…
